Duendes y gnomos en santiago

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Duendes y gnomos en santiago

Mensaje por kuro el Miér Jul 27, 2011 11:14 pm



Según su leyenda, los duendes habitan principalmente en casas antiguas, bodegas, iglesias, subterráneos y áticos, pues corresponden a espíritus domésticos. Asumen características físicas de niño o de anciano, usan trajes semejantes a túnicas. Según la etimología española (que no parece coincidir siempre con la inglesa en el concepto de este personaje), su nombre provendría del apodo "Duen de Casa" o "Dueño de Casa". Suelen aparecer en los relatos remendando zapatos, trabajando en minas o incluso asistiendo a otros personajes míticos como el viejo pascuero en la confección de juguetes. El folklore dice que causan sustos más por diversión que por maldad, provocando ruidos o extraviando intencionalmente objetos.

A diferencia de los duendes, son llamados gnomos más propiamente aquellos de la mitología ligada a los bosques y al paisaje exterior, pues se representan como espíritus o genios de la tierra, de aspecto senil o, o por el contrario, sumamente infantil y tierno. Eran seres recurridos entre los cabalistas y los magos, generalmente asociados a algún principio u objetivo mágico concreto. Ha sido con el correr de las épocas que los gnomos han terminado asociados al aspecto clásico tipo "pitufo" ("smurfs") de orejas puntiagudas y habitante de los hongos; de seres diminutos vistiendo sombreros de cono y calzado puntiagudo. Los gnomos provienen, fundamentalmente, de la mitología inglesa, irlandesa y goda.

Hay miles de historias acá la ciudad que tendrían como protagonistas a estos seres. Hay "apariciones" de ellos avisadas en casi todos lados: Ñuñoa, Peñalolén, Independencia, Avenida Matta, Conchalí. Tuve, de hecho, un amigo tan convencido de haber visto duendes destruyendo un ático, que hasta se ganó el apodo del Duende, debiendo soportar que le cantaran todo el año la canción navideña de una tienda de juguetes de aquellos años: "Soy el duendecillo / de la Casa Azul / les quiero contar / cuál es mi secreto...". El Duende de carne y hueso -mi amigo-, agregaba con convincente seguridad que los duendes de esa casona tenían el hábito de romper el baño si alguien lo ocupaba y no lo dejaba limpio.



Por allí cerca, también en Gran Avenida, en José Miguel Carrera, pero por el paradero 29, había una extraña casa de pequeñas ventanas y puertas cerca de un liceo de niñas, parecida a la de los cuentos tipo Hansel y Gretel, apodada por todos como La Casa de los Enanos. Como nunca se veía gente entrando o saliendo de ella, entre los escolares del barrio corría toda clase de rumores sobre el aspecto de sus diminutos habitantes.
Pero no todos los duendes serían escrupulosos. Según una amiga, se le habría aparecido a ella y a otras dos compañeras de camping un siniestro duende en el Cajón del Maipo, desatando la histeria mientras dormían al aire libre en la noche. Aseguraba haberlo visto tan cerca que incluso notó los dientes picados del horrible y apestoso engendro. Cabe señalar que este sector cordillerano de la Región Metropolitana es conocido por historias de pretendidas presencias de hadas y duendes. Mi amigo, Juano, no es tan detallista, pero parece igual de convencido: se le aparecía frecuentemente uno en un callejón de La Florida cada noche en que volvía a pie, en horas de la madrugada, después de alguna juerga con algunos amigos. Su duende era oscuro y caminaba balanceándose como un bebé que da su primeros pasos de trote, desapareciendo en el corto tramo que había entre la vereda y las rejas de las casas de su vecindario, en calle Honduras.

Aunque la tradición nos haya llegado en gran parte desde Estados Unidos, no puedo negar mi simpatía con esos duendes de jardín, alusivos a los dwarfs de las mitologías británicas. Conservo una pieza material ligada a mis años jóvenes, cuando luego de una tomatera de cerveza y vino, ya de vuelta hacia casa, un amigo dentro de su mareo nos avisó aterrado de que un duende nos observaba recostado junto a un montón de basura, en la calle. Luego de las burlas, todos confirmamos que un siniestro enano efectivamente, nos miraba mostrando los dientes y la cara recortada por la luz del poste, con un gesto grotesco. Cuando descubrí que se trataba de un duende de yeso de jardín, me lo eché al hombro y lo he paseado hasta hoy por mis distintos lugares de residencia.


"Duendecillos". Grabado del artista español Francisco de Goya

EL MITO DE LOS DUENDES SEGÚN VICUÑA CIFUENTES
Uno de los autores nacionales que abordan las tradiciones de los duendes es el investigador Jorge Vicuña Cifuentes, en su trabajo de 1915 titulado "Mitos y supersticiones tomados de la tradición oral chilena". Según su definición, estas entidades tendrían el siguiente origen:
"Cuando Luzbel fue arrojado del cielo, le siguieron innumerables ángeles, y temiendo Dios que se fueran todos, dijo "¡Basta!" y el cielo y el infierno se cerraron. Multitud de ángeles quedaron en el aire, sin poder volver al cielo ni penetrar en el infierno, y éstos son los DUENDES. Todos son pequeñitos, tienen caras infantiles y visten hábitos de tres colores distintos, según su condición. Los que los llevan blancos son alegres, traviesos y no causan daños de consideración; no son tan inocentes los que los usan pardos, y llegan a la bellaquería más extrema los que los acostumbran negros".
Las varias entrevistas que realizó Vicuña Cifuentes para su libro, aportan información interesante sobre el folklore que ronda a los duendes de Santiago. Aunque no todos coinciden en que serían sólo de sexo masculino, como comenta el autor, los duendes pueden obsesionarse con toda mujer joven y bonita, para perseguirla sin piedad. Cuenta el caso que le relatara una de sus informantes, de que una muchacha era atacada y rasguñada constantemente por un agresivo duende, tras cada vez que ella hablaba con un hombre, pues estos seres son extremadamente celosos y posesivos. La solución para este calvario fue casi peor que el propio problema, según le confiesa la misma fuente: untarse el rostro en sus propios excrementos, el único remedio para desmotivar al duende.
El escritor también escribe que los duendes pueden obcecarse con las casas, molestando a sus residentes hasta que consiguen hacerlos cambiarse. Sin embargo, si en un cambio de domicilio reaparece el duende, se debe a que está enamorado de alguien de la familia, caso mucho peor, como hemos visto. La tozudez de los personajes para perseguir y acosar es insólita. Vicuña Cifuentes reproduce una de las historias que le fueron reportadas, según la cual una mujer se cambió sigilosamente de casa en Santiago, para evitar a un malvado duende que molestaba a su joven hija; sin embargo, a pesar de todas las precauciones tomadas, cuando estaban desembalando en la nueva residencia sus enseres, reapareció el duende desde las vigas del techo extendiendo su brazo con un frasco en la mano, mientras decía a las aterradas mujeres: "¡Ahí tienen el tarro de la sal, que dejaron olvidado allá!".
Según informa también, los duendes pueden aparecerse hasta tres veces a cada persona, pero se los puede "domesticar" acariciándolos. Los blancos, que son los más dóciles, llegan a ser buenos consejeros y acompañantes. Vicuña Cifuentes refiere a adivinas y "meicas" que reciben discretamente de un duende la asesoría, dictada al oído, mientras atienden a sus pacientes. Otras veces, hasta ayudan con dinero en la casa, en momentos de aflicción. Los duendes negros, en cambio, sólo se aparecerían a la gente mala. Finalmente, comenta el origen español, británico, italiano y francés de muchos de los duendes que rondan el imaginario popular chileno, y de los que hablaremos más abajo.


Enanos de aspecto medieval, en el dintel del acceso a una casona del barrio histórico de Erasmo Escala llegando a avenida Brasil.

EL MITO DE LOS DUENDES SEGÚN PLATH

Por su parte, el destacado investigador costumbrista Oreste Plath, también menciona la aparición de duendes en tiempos coloniales por el sector de La Chimba -de los que haremos caudal más abajo-, escribiendo lo siguiente en su libro "Folklore Chileno":
"Los Duendes son seres fantásticos de pequeña figura. Viven de noche, son todos de sexo masculino y los hay blancos y negros, los unos son serviciales y los otros bellacos. Para otros, los que visten de blanco son alegres y sólo hacen travesuras; los que visten de negro son menos inocentes que los anteriores, pero gustan de molestar a las niñas solteras y las muy católicas. El pueblo los llama también Benditos".
"Hay Duendes que toman posesión de una casa para disfrutar sólo ellos. Entonces molestan a los moradores arrojándoles piedras, quebrando los vidrios, cambiando de sitio los muebles hasta producir el cansancio y el hastío a los moradores y conseguir la mudanza. Para despistarlos se cambian de casa sigilosamente. Como gustan de las niñas, las persiguen con tenacidad y allí vuelven a instalarse en la nueva residencia".
"...Félix Coluccio, en el “Diccionario Folklórico Argentino”, consigna: “Duende o Delgadín. Personaje que suele hacer su aparición en forma de enanito o bien con el aspect0 de un niño, con vistosos trajes en los que predomina el rojo y el verde, cubierta su cabeza con un sombrero de paja de alas enormes y llevando una flauta de húmero de cóndor a la que arranca música armoniosa”."
"El peruano Efraín Morote Best, en un “Estudio sobre el Duende”, dice que en América tiene nombres distintos, variada figura, diversas maneras de vestir, desempeña múltiples actividades y se presenta en diversas formas".
Veremos que varios casos declarados todavía en el siglo XX, sobre supuestos avistamientos de gnomos, efectivamente provienen del sector de Independencia, que es aludido por el investigador en la misma fuente.


DUENDES LA TRADICIÓN PRECOLOMBINA LOCAL


Veremos que duendes y gnomos gozan de gran popularidad en la mitología catalana, andaluza y asturiana. Pero, en la mitología local chilena, desde Arica hasta Magallanes, estos extraños seres también estaban presentes a la llegada de los hispanos, y el valle del Mapocho no era excepción. Los mapuches les llamaban Laftraches, pudiendo ser buenos o malos. Estas presencias han sido pasadas por alto frecuentemente entre los investigadores del tema, que saltan de inmediato a la influencia europea sobre el forjado del mito.
El Anchimallen, también de la mitología mapuche, era un enano si tripas y de cola luminosa; una especie de mensajero de la muerte. Es decir, también tenemos nuestra propia raíz pagana en el mito, fertilizado por esos demás duendes que nos llegaron desde Europa. El Abate Juan Ignacio Molina, por ejemplo, comentaba en el siglo XVIII sobre el mundo sobrenatural de los indígenas araucanos:
"Su credulidad se manifiesta particularmente en las serias relaciones que hacen de las apariciones de fantasmas, y de los duendes, acerca de los cuales producen infinitas fábulas".
En el legendario nacional también se llama duendes o enanos con frecuencia a lo que en realidad son monstruos o engendros legendarios, como el Trauco o el Chuviño. Originalmente, no todos correspondían a razas concretas de gnomos o seres parecidos, sino a deformidades o alteraciones provenientes de seres humanos, sea por castigos, maleficios o hechizos.

Los enanos nativos chilenos suelen ser seres solitarios, habitantes de bosques y con actitudes hostiles hacia los hombres. En eso coinciden con varios de las tradiciones españolas, irlandesas y escandinavas. Se los suele representar en niveles bárbaros de inferioridad e incivilidad, marchando casi desnudos e incluso sin el don del habla. La mitología nórdica y el relato tolkieniano, sin embargo, han extendido el concepto del enano para referirse a míticas razas de seres guerreros barbudos, generalmente con roles de custodios o guardianes de tesoros y castillos. En otras tradiciones exóticas, como la hindú, estos enanos guerreros adquieren características divinas, tanto así que el propio dios Vishnú adopta el aspecto de un duende azul en una de las visitas de sus avataras en el Mundo.
Existen varios sitios del país que se denuncian como habitados por duendes, en tanto. Puede que, allí, las tradiciones de los gnomos populares se hayan mezclado con leyendas más antiguas. Es el caso de los duendes que se declaran vistos con frecuencia en el archipiélago de Chiloé, por ejemplo. Las brujas de Melipilla y de Salamanca también se valen de ellos para conjuros y hechizos. Vicuña Cifuentes comenta que, en las cercanías de Cauquenes, en la Quebrada de los Pilones, habitaría una gran cantidad de gnomos, en cavernas subterráneas de las que salen sólo para robar novillos blancos que usan de alimento.

LOS ADOPTADOS DESDE ESPAÑA
Vamos a ponerle un poco de orden a los duendes europeos. Usualmente, se emplean los términos duende, gnomo y enano en forma indistinta en nuestro lenguaje. Sin embargo, las categorías originales son distintas, advirtiéndose también que no todos los autores coinciden en ellas. La principal influencia de duendes nos llega a Chile, sin embargo, de la península ibérica, como bien lo ha dicho Plath, donde habremos de encontrar un legendario tanto o más nutrido que el de las islas británicas.
En los Pirineos, por ejemplo, se hablaba de los Diablerons, duendecillos minúsculos, conocidos también como diablillos familiares, que son usados por brujos y hechiceros. Asumían formas de insectos voladores para desplazarse a cumplir las órdenes de sus amos, por lo que pueden haber tenido algo de pixies o hadas en versión un poco más siniestra. Los magos los guardaban en ampollas o botellitas de vidrio. Los Tentirujos, en cambio, son duendes de la tradición de Cantabria y Aragón, representados como ancianos de grandes orejas y gorros rojos, que habitan en paisajes exteriores. Guardan grandes semejanzas con los Trastolillos de Cantabria y los Trasgus, que podían aparecer tocando una gaita asturiana.
Por su lado, los Follets aparecen en la mitología del norte de España y en Italia. Corresponde a un tipo de seres fantásticos extraordinariamente huidizos y rápidos, capaces de esconderse entre las crines de un caballo y alterarlo desde allí, descontrolando su galope. Aunque se le representa a veces con barba blanca y gorro rojo al estilo gnomo, parece ser que el Wendigo de los relatos de Lovecraft coincide (deliberada o accidentalmente) con algunas características de los Follets. Los Tentris, en cambio, son duendes cantábricos que viven en bosques o cerros de modo salvaje, con el cuerpo cubierto de musgo y de hojas verdes. Tienen ojos también verdes y se mimetizan con el paisaje.
Nuberu es otro duende asturiano. Para unos es un enano deforme, y para otros es un hombre corpulento. En lo que sí hay coincidencia es que va cubierto con un sombrero negro de gran tamaño. Tiene una rapidez extraordinaria, lo que le permite unos desplazamientos asombrosos. Puede hacer descargar grandes tormentas de lluvia o granizo donde le plazca, domina las nubes y, por tanto, las tempestades. ¡Pobre del campesino que tenga la mala fortuna de cruzarse con él y no saludarlo!, pues es muy rencoroso y hará lo posible por arruinar su cosecha. La mejor manera de conjurarlo consiste en hacer sonar las campanas de las iglesias.
El Sumiciu se parece al Diañu Burlón y al Trasgu. Es un duende que vive cerca de los seres humanos y gusta de hacer desaparecer objetos que los niños tienen en la mano. Su coterráneo Ventolín -o Remolino en asturiano- adopta el disfraz de una brisa mágica, que se atribuye tanto al amor como a la muerte. Se supone que porta el alma de un difunto que se escapa del cuerpo al exhalar el último suspiro. También se consideraba que coge los suspiros de los enamorados y se los llevaba a quien los provocaba. Duerme a los bebes en sus cunas, refresca con viento a los viajeros y esparce el rocío de las mañanas sobre el pasto.

LOS ADOPTADOS DESDE GRAN BRETAÑA

Veamos ahora los duendes de origen británico, que ciertamente deben haber tenido algún grado de influencia sobre la sociedad chilena, especialmente a partir de los grandes puertos como Valparaíso, donde las colonias de este origen eran abundantes.
Los duendes ingleses del tipo Boggarts, por ejemplo, aparecen con frecuencia en leyendas y supersticiones de Yorkshire y Lancashire, correspondiendo a espíritus dañinos y traviesos. Son los culpables de los objetos que caen o se rompen en la noche. Escasamente representados en imágenes, corresponden a duendes o gnomos de aspecto fantasmal, oscuros y de hábitos preferentemente nocturnos, con la capacidad de convertirse en animales, según algunas tradiciones. En otros casos, aparecen con aspecto engañosamente bonachón, con ropas típicas del mundo campestre o de colonos agrícolas. Habitan escondidos en áticos, silos, graneros y corrales.
Los duendes de factura irlandesa son más variados. Casi todos ellos pertenecen a una casta originaria de duendes llamados Dragamms, de las que surgen sub-razas como las que veremos luego. Estos Dragamms eran pequeños guardianes de tesoros y riquezas, por lo que suelen ser tomados por símbolos de fortuna. El arte de coleccionar duendes o bien el de usar sus poderes como amuletos y talismanes, se denomina entre sus practicantes, por lo mismo, como "dragammi".



Los Brownies tienen aspecto angelical y bonachón. Su nombre deriva de que siempre utilizaban ropas con tendencia al café o marrón (brown). Habitan en vastas extensiones del territorio irlandés, pero pueden aparecer como espíritus domésticos inofensivos, conectados de preferencia a algún miembro de la familia. Les gusta la leche, la crema y los pastelillos. Se les considera, además, protectores de los niños. Los Hobgoblins, en cambio, son un un tipo de Goblin de aspecto más humano y amable que sus parientes, habitante de las montañas irlandesas e inglesas. Se supone que, con ciertos conjuros u ofertas de comida por trabajo, estos personajes puede ser utilizados incluso para la protección de las viviendas y las aldeas.
El Leprechaun, en tanto, es el más típico duende verde irlandés, tradición exportada a los demás países como amuleto. Suele ser representado con un traje y aspecto tradicionalmente irlandés, llevando consigo tesoros o cántaros llenos de oro que cuidan celosamente. Se los asocia al verdor y al trébol de la suerte, amuleto que siempre lleva consigo. Son adoradores también del whisky. Por lo general, estos duendes son traviesos y habitan al aire libre. Estéticamente, tienen evidentes asociaciones a la tradición de San Patricio (Saint Patrick).
Phooka es otro duende, mitad hombre y mitad bovino, que se aparece risueño y burlón a los viajeros perdidos por su bosque encantado. Representa, de alguna manera, la parte bestial que aloja en el ser humano, y su aspecto es, justamente, como el un pequeño Minotauro.

OTROS DUENDES DE IMPORTACIÓN
Por supuesto que existen también otros tipos de duendes europeos que el intercambio cultural y la literatura ha ido haciendo conocidos en el resto del mundo. Los Pixies, por ejemplo, corresponden a un tipo de gnomo con características más asociadas a las hadas o a las ninfas pero en versión más masculina y menos etérea. Habitan los bosques y, en algunas representaciones como las de los juegos de rol, aparecen perturbando a los visitantes extraviados, arrojándoles piedras por la espalda. A veces, se presentan como geniecillos que conceden deseos. Tienen alas propias, semejantes a un libélula. En la tradición anglosajona, sin embargo, con frecuencia se usa el nombre del Pixie para aludir también al gnomo y al duende común de los bosques.
Los famosos Goblins corresponden a duendes con aspectos más bien monstruosos, quizá algo chocantes y de colores extraños, con orejas más puntiagudas y narices más grandes que sus primos, equivalentes a estos como los demonios al ser comparados con los ángeles, aunque no siempre tienen hábitos malévolos, dependiendo su fama del origen de la tradición o leyenda que los aluda. Su estilo de vida es exterior, más parecido al de los gnomos. Sus representaciones y su conocimiento se ha popularizado internacionalmente gracias las películas, literatura e incluso videojuegos clásicos, haciéndolos variar en aspecto y características.
La raza de los Dwarfs era de otro tipo de seres de la mitología irlandesa, que habitaban bosques abandonados y colinas apartadas. Suelen ser traducidos simplemente como enanos, en el habla hispana. Siempre se le representa de sexo masculino (al parecer, mujeres y hombres son casi idénticos en esta raza), a veces vestido tal como el gnomo y con alguna herramienta minera en las manos, pues se supone que trabajaba en minas de oro y plata, tesoro que le ofrece a sus captores humanos cuando logran atrapar uno, para ser dejado en libertad. Si bien trabajan en grupo, tendían a ser seres solitarios. Se los reconoce por ser un poco más gordos y orejones que los gnomos, de rasgos más toscos aunque más altos, llegando a superar el metro de altura. La propia tradición de Irlanda, sin embargo, señala que corresponde a una raza ya extinta. Los enanos que aparecen en la versión Disney de "Blanca Nieves y los Siete Enanitos" tienen la denominación y las características originalmente asociadas al Dwarf mitológico. También corresponderían, ya en la fantasía literaria, a las razas de enanos guerreros imaginados por Tolkien y sus seguidores. Sin embargo, la representación realizada por Disney ha sido la base cultural de la difusión contemporánea de la imagen de este duende.

Contrariamente a lo que el mito tolkieniano y algunas tradiciones europeas cuentan asociando a los Trolls son ogros salvajes nórdicos, habitantes de bosques, cavernas y colonias, originalmente estos seres fantásticos también podían ser de pequeño tamaño, que va desde sólo unos centímetros hasta un metro, con aspectos grotescos, narices muy prominentes, ojos saltones, pelo negro e hirsuto; habitantes de la oscuridad de las cuevas, bosques sombríos y mundos subterráneos de la mitología escandinava. En Noruega aún persiste la tradición de considerarlos más cercanos a Goblins que a sus parientes gigantes propios de cuentos infantiles. En islas Shetland y Orkney se les llama también Trowes, y su actitud hacia los hombres suele ser hostil.
Los Kobolds, originarios de Alemania, son criaturas de aspecto viejo y arrugado, con algunos rasgos animales y modo de vida rústico. Según Vicuña Cifuentes, tuvieron alguna influencia sobre la formación del mito en Chile, suponemos que por la nutrida migración germana del siglo XIX. Aunque en ciertos casos su hábitat favorito son los bosques, los Kobolds trabajan infatigablemente para las casas que llegan a habitar, procurando no ser descubiertos. Lo único que piden a cambio son los restos de comida que quedan en las mesas y los platos. Si esto último no es satisfecho, se vuelven dañinos y destructivos.


Duendes santiaguinos de jardín.

LOS DUENDES COLONIALES
La mención de los duendes aparece temprano en la documentación colonial de Chile. Diego Barros Arana y Francisco A. Encina, por ejemplo, mencionan que, después de la destrucción de Santiago por las fuerzas de Michimalongo, Pedro de Valdivia le escribía al Rey lamentándose por la triste situación en que había quedado su Gobernación:
"Y así andábamos como trasgos, y los indios nos llamaban cupais, que así nombran a sus diablos".
El trasgo o trasgu era un tipo de gnomo de las mitologías del Norte de España, al parecer de origen celta o godo, que caminaba cojeando y generalmente hacía travesuras para espantar o molestar, de preferencia en las noches. La comparación que hace el conquistador proviene de las rojizas ropas harapientas y básicas que solía usar.
Los españoles de Chile también apodaron "Duende" al jefe militar araucano Lientur, hecho confirmado por el Abate Molina. El apodo se debía a la velocidad y furtividad con que atacaba con sus fuerzas, "siempre rápidas e improvisas". No extraña, entonces, que los ancestros nos hayan introducido a los gnomos, troles y goblins aquí en Santiago, apareciendo mencionados desde tiempos coloniales. Pero, curiosamente, el arte, la iconografía y la alfarería los representan escasamente en Santiago, para nuestro gusto. Lo creo por lo que me ha costado aumentar mi colección de duendes. A diferencia de noruegos o irlandeses, que viven en paz con sus gnomos, los chilenos parecemos priorizar más bien los miedos de la superstición. Es como si la sociedad aún abrigara algún terror íntimo e instintivo contra estos seres, visualizándolos con frecuencia sin romanticismos y evadiéndolos tanto como fuera posible.
Pero los duendes primitivos de Chile no aparecen sólo en las metáforas. Como en la Península Ibérica, acá fueron acusados durante los primeros años de la Conquista y la Colonia, de revolver la ropa, roer alimentos y desparramar objetos durante las noches. Buena parte de sus acciones son anónimas, y furtivas, pero se deduce que debe haber sido obra de ellos al ver los resultados, en las mañanas. Los duendes son, de este modo, equivalentes a los poltergeist de nuestros días. Quizás la abundante presencia de ratones y ratas en la Capital ayudó a cristalizar el mito en la emergente sociedad santiaguina. Se los ve con abundancia por entonces, en el barrio de la La Chimba. Desde allí, saltaron hacia el sector del ex Cerro Huelén. Veremos después que cruzaron la Alameda de las Delicias y se convirtieron en figuritas en venta en la feria artesanal del frente, ya en nuestros tiempos.
Hacia inicios del siglo XIX, cuando el Cerro Santa Lucía era sólo un peñón estéril muy distinto del parque creado a instancias de don Benjamín Vicuña Mackenna, se decía que un gnomo solía aparecerse horrorizando a la gente en la denominada Quebrada del Viejo Barbón, cerca de la ya desaparecida Gruta de la Cimarra Encantada, una pequeña cueva de la Terraza Caupolicán donde los amantes sellaban con un beso sus promesas y esperanzas de amor eterno, pero que debió ser clausurada luego de los daños que le provocó el terremoto de 1985. En esta terraza habitada por duendes, hacia 1816, los españoles levantaron un fuerte para contener a las fuerzas patrióticas de la Independencia. Por supuesto que éste era sólo uno de los tantos mitos que han rondado hasta nuestros días al Huelén.
El propio Vicuña Mackenna comenta, también, de supuestas apariciones constantes de duendes y otros espectros, en las mal iluminadas calles cercanas a la Iglesia de la Compañía, según escribe en su obra "Historia crítica y social de la ciudad de Santiago desde su fundación hasta nuestros días (1541-1868)". Veremos más abajo algunos casos reportados en este sector.


La desaparecida "Gruta de la Cimarra Encantada", en el Cerro Santa Lucía. Fue escenario de apariciones de duendes en el siglo XIX.

Duendes en la publicidad: dos enanos le "limpian" los intestinos al consumidor dormido con un milagroso medicamento llamado "El Jubol", según un aviso publicado en "El Mercurio" del miércoles 23 de diciembre de 1915.

ENANOS MALÉFICOS EN LA FAMILIA DE "LA QUINTRALA"
Los duendes no sólo se le aparecen al populacho. Se decía también de la familia de doña Catalina de los Ríos Lisperguer, más conocida como "La Quintrala", que habrían tenido pacto con un malvado duende que vivía en su casa y que salía a aterrar otras residencias de Santiago, en el siglo XVII.
El halo de misterio y temor que rodeaba a esta mujer y a su familia no podía quedar exento de hospedar, también, a estos espantos enanos. Pese a la protección y casi complicidad que llegó a tener la iglesia con las fechorías de la controvertida familia, en una carta del Obispo de Santiago, don Francisco de Salcedo, dirigida al Consejo de Indias desde Santiago, con fecha 10 de abril de 1634, leemos lo siguiente sobre la abuela de "La Quintrala":
"Tuvieron a las hijas de doña Agueda de Flores en esta república por encantadoras, como se experimentó por un duende que en su casa alborotó toda esta tierra con quien decían tenían pacto".
Estas historias, que podrían pasar por burdas, sin embargo son mencionados por autores de reputación, como don Benjamín Vicuña Mackenna en "Los Lisperguer y la Quintrala" (1877) y don Miguel Luis Amunátegui en "El Terremoto del 13 de mayo de 1647" (1882), atribuyéndolas tanto al temor supersticioso de la chusma como al odio generalizado de la sociedad colonial contra los Lisperguer.
Como la casa de "La Quintrala" en Santiago permaneció por largo tiempo abandonada y oscura, siguió cultivando la imaginación popular sobre sus extraños moradores de otro mundo. El descubrimiento de su famoso "sótano" y las historias de misterio y fenómenos paranormales que todavía se reportan allí le darán empleo por largo, largo tiempo más, a los duendes que alguna vez la habitaron.



Libro de "La Quintrala", escrito por Vicuña Mackenna.

UN CASO DESCRITO POR ZAPIOLA
El siguiente caso es el reporte de uno de estos "duendes" denunciados por la credulidad popular en pleno período de la Patria Vieja, descrito por don José Zapiola en su obra "Recuerdos de Treinta Años. 1810-1840". Aparece en las páginas 79 y 80 de la edición de editorial Zig Zag. Es tan claro y completo que resultaría de todos modos un plagio el intento de reproducir toda esta interesante información bajo el disfraz de las palabras propias. Dice:
"El duende era otro personaje de distinta especie, que, según algunos escritores contemporáneos, especialmente Görres, no es tan inverosímil como se cree generalmente.

El último de que nosotros oímos hablar se manifestó entre los años de 1811 y 1812.

Antes de construirse en la antigua Alameda la Cancha de Gallos y los edificios más al poniente, que principian con la casa y jardín que fueron del señor don Diego Benavente, había un gran espacio en aquella situación, donde hacían ejercicio las tropas. Allí vimos por primera vez al general Blanco, recién llegado a Chile e incorporado a nuestro ejército, año de 1814, con el grado de sargento mayor de artillería. Se ocupaba esa vez en hacer ejercicio de fuego con un mortero, cuyas bombas caían a cierta distancia de ese mismo lugar. Allí también concurría la gente con un objeto muy diferente. Se daban misiones. En ese lugar las dio el célebre padre Silva, después del terremoto de 1822.

La calle de las Monjitas concluye por el oriente en la que atraviesa el cerro de Santa Lucía en dirección al río, que ahora se llama de Tres Montes.

Al principiar la cuadra que sigue al oriente, y pasando la casa de la esquina, se encuentra enseguida la número 34.

En esta casa apareció el último duende, que tanto alboroto causó en Santiago en la época que hemos dicho. Vivía en ella el “guarda mayor” de las tiendas, don Francisco González, español desterrado en 1818 a Mendoza, donde murió.

Hizo tal ruido aquel duende, que por espacio a lo menos de veinte días, desde que empezaba a oscurecer, principiaban a reunirse los curiosos en tanto número, que apenas podía contenerlo el inmenso espacio que ahora ocupan los edificios antes mencionados.

La operación esencial de los duendes era arrojar piedras, no tanto a las personas, cuanto a las puertas, ventanas y muebles de las casas que se proponían atacar, buscando siempre el modo de hacer ruido.

La casa mencionada, de resultas de esto, se cerraba desde antes de anochecer; lo que daba al asunto cierto grado de certidumbre. Las pedradas en el interior de la casa eran incesantes. El duende se proveía de piedras sacándolas principalmente del tercer patio de la misma casa. A las inmediaciones había un bodegonero, ño Chena, que de cuando en cuando se acercaba a la puerta de calle con un cigarro encendido, diciendo a los que allí estaban: “Voy a poner el cigarro en el agujero de la llave: si hay duende, debe soplar”. Efectivamente, cada vez que hacía esta prueba, se veía chispear el cigarro y nadie dudaba de lo concluyente del silogismo de ño Chena.

Los dueños de casa, a quienes este hecho llegaba desfigurado, no le daban ningún crédito y creían que era travesura del bodegonero. Estaban en vísperas de desalojar la casa, a pesar de no encontrar quién quisiera arrendarla, cuando sucedió que un ama de leche, dirigiéndose una noche al segundo patio, vio que otra criada, de quien ya sospechaba, que iba delante de ella y que se creía sola, tiró una pedrada al farol que alumbraba el pasadizo.

Esto lo descubrió todo, y el duende no era nadie más que una criada, ayudada de otra, como subalterna.

El duende, a quien vimos ya viejo una sola vez hace muchos años, murió poco ha en casa del señor don Santiago Portales, convertido en una excelente criada, apreciada por este caballero, como lo merecía por sus buenos servicios.

Si el señor Portales no lee este libro, es seguro que seguirá ignorando que la criada a quien tanto protegió es el duende que hace sesenta años hizo tanto ruido".


Don José Zapiola comentó un controvertido caso de duendes de Santiago.

EL DUENDE DE CALLE COMPAÑÍA
Otro de los casos que son reproducidos por el investigador Vicuña Cifuentes en su obra antes citada, es el del que llegara a ser -en su momento- un famoso suceso de la Calle Compañía de Jesús, en Santiago Centro, sucedido entre 1905 y 1906. Este sector de la capital fue escenario de varios acontecimientos fantasmagóricos desde el siglo XIX. El fatídico incendio de la Iglesia de la Compañía fomentó la gestación de historias de horror y aparecidos. Prácticamente, no hay casa en el sector de las mansiones más cercanas al Barrio Brasil (donde esto sucedió, supuestamente) que no tenga su propia historia de espectros y escalofríos.
Sucedió pues, que a principios del siglo XX, se apareció un duende sembrando el pánico en una casona de Compañía, entre las calles Guardiamarina Riquelme y Manuel Rodríguez (junto a la actual Autopista Central). Muchos declararon haberlo visto y también causó destrozos que fueron reportados por los moradores y los vecinos. Cuenta Vicuña Cifuentes que este caso adquirió tal notoriedad, que llegó a los medios de comunicación, apareciendo abundante material de prensa referido al mentado duende.
Un detalle que sorprende es que la autoridad policial fue reportada varias veces de la presencia de este horripilante ser en el barrio, obligándoles a hacerle presentes allí. Al parecer, sin embargo, nunca pudo ser confirmada su existencia por parte de los agentes, y la leyenda ser perdió con el correr de los meses. Actualmente, este sector de la capital está muy transformado, habiendo sido remodeladas todas las cuadras donde pudo ubicarse alguna vez la que fuera invadida por este pequeño diablillo, que ha quedado archivado entre los Expedientes X de nuestra historia.


Duendes del local "El Gauchito", del Centro Artesanal Santa Lucía.

Entrada del Duende Bar, en General Bari, con su figura custodiándola.

GNOMOS EN BARRIO MATADERO Y LA CHIMBA

El concepto de los gnomos saltan a la prensa casi con el origen del periodismo en la República, al fundarse el periódico "El Duende" durante la Transición. Sin embargo, las noticias importantes aparecen en el siglo XX. Hacia los años treintas, por ejemplo, el periodista Byron Gigoux, del diario "Las Últimas Noticias", comenzó a publicar en ese medio algunas noticias advirtiendo de la presencia de un misterioso duende negro a los pies del Cerro San Cristóbal. Curiosamente, por esa misma fecha, el editor del diario competencia, "Los Tiempos", don Hugo Silva, comenzó a reportar la presencia de otro duende, de color verde, en el Barrio Matadero.




Estas noticias son comentadas por César Parra en su obra "Guía Mágica de Santiago. Historias de Fantasmas, Duendes y Brujas" (RIL Editores, 2005), pero da a entender que todo fue un montaje periodístico, inventado por ambos personajes. Él agrega que, en 1958, aparecen nuevos reportes de apariciones de duendes en los sectores de calle Escanilla y Plaza Diego de Almeyda, lugar este último que ocupaba el antiguo terreno del convento fundado por el Corregidor Zañartu y que hoy ha sido asimilado por el mercado de La Vega. En su antes citado libro, Plath habla de estas denuncias en el barrio Independencia desde los tiempos coloniales:
"Se habla de casas con Duendes y fueron famosos en Santiago, en otra época, los Duendes de la Cañadilla (Avenida Independencia). Y no faltan en los diarios de estos tiempos noticias acerca de fantasmas o duendes".
Según recopila Parra, las vecinas de Escanilla, señoras Julia Garín y Laura Moreno, agarraron a escobazos a un duende "chico, negro, que saltaba en una pata debido a que era cojo". El autor compara este detalle de la cojera con el mito del diablo cojuelo, que también parece reflejarse en la leyenda del Trauco de Chiloé y el Invunche de los brujos Calcus. Los trasgos asturianos, de los que hablamos, eran descritos con frecuencia como duendes cojos. Cabe señalar, además, que coincidía la tradición con la descripción de las mujeres también en su color negro, pues en las tradiciones de Cantabria, se decía que su rostro era oscuro. Al respecto, se recordará que el famoso escritor judeo-francés del realismo fantástico, Jacques Bergier, comentó el caso de un supuesto gnomo capturado hacia el año 1138 en los sótanos de un monasterio alemán, y que era negro y mudo. Según las crónicas en que dice basarse Bergier, el enano fue liberado para poder descubrir su escondrijo; pero volvió al sótano y escapó por un túnel oculto bajo una roca. La entrada fue clausurada con una cruz y el caso fue olvidado. Todavía en pleno siglo XX se reportaban escalofriantes casos en España, como el famoso "Duende de la Hornilla" de Zaragoza y el supuesto cuerpo de un gnomo capturado en 1989 por un matrimonio en el Bosque de Girona.
Sorprendentemente, aparece en el libro de Parra otro testimonio que también habla de un enano cojo y siniestro, en el sector de la Plaza Diego de Almeyda. El caso fue protagonizado por una vecina de doña Teresa Benavides, mujer que superaba ya los ochenta años cuando el autor la entrevistó para su libro. La mujer recordaba el testimonio de una amiga del barrio que, mientras lavaba ropa en una artesa, vio un extraño ser que primero creyó un niño que le arrojaba pequeños objetos, al tiempo que reía a carcajadas. Al mirarlo con más detención, la vecina descubrió que era un duende con una pata de palo, "como esas de los piratas", y una barba blanca. La mujer se defendió espantándolo también con una escoba, según recuerda la señora Teresa.


Casas antiguas de la calle Escanilla, en barrio Independencia.

LA CRIATURA DEL PARQUE FORESTAL
Pero parece que a los duendes les han seguido gustando por largo tiempo las inmediaciones del río Mapocho, según este último caso que comentaremos.

El 10 de mayo de 2004, el joven ingeniero Germán Pereira captó, hacia las 17:40 horas, una extraña imagen con su cámara digital en el Parque Forestal, donde se veían dos Carabineros a caballo en direcciones opuestas, mientras un extraño enano delgado y cabezudo intentaba atravesar el sendero del paseo del Parque, por ahí por José Miguel de la Barra con Av. Cardenal José María Caro, cerca del puente Loreto y frente al Museo de Bellas Artes, con vista hacia el Oriente. Recuerdo que, curiosamente, el día que Pereira tomó esta imagen, yo había pasado hacía sólo unos minutos antes por este lugar, cercano a mi sitio de trabajo por ese entonces.
Aunque la imagen tenía una evidente sobreexposición marcada por la posición inclinada de los jinetes y los barridos de objetos en movimiento, y pese a que su propio autor no estaba convencido de lo que parecía mostrar, la fotografía recorrió el mundo y se ha convertido en una joya de culto entre los fanáticos de lo paranormal. Los ufólogos saltaron como rayos a dar toda clase de explicaciones acreditando que, según ellos, la figura de cerca de 80 centímetros de alto que se veían en la imagen, sería un alienígeno del tipo "enanos grises". Otros arremetieron alegando que se trataría de un nuevo gnomo para la casuística santiaguina.
La foto fue estudiada y se la intentó reproducir en el programa "Detectives de lo Paranormal", del Discovery Channel. Ambos conductores, un experto en efectos especiales y un mago profesional, concluyeron en que parecía tratarse de una rama de árbol que cayó o se movió justo durante la exposición del vehículo. En Chile, en cambio, y luego de estudiarla con varios filtros de imagen, el estudioso chileno de temas de ufología, Alberto Urquiza, concluyó en que se trataba sólo de un perro sacudiéndose pero que, por distorsión y barrido, semejaba el contorno de un duende justo dando un paso sobre el sendero.
Pese a todas las dudas, el caso del humanoide de Parque Forestal ya se había popularizado internacionalmente, por lo que ahora resultaría difícil no sólo sacarlo del legendario urbano de Santiago, sino del resto de los cultores de lo paranormal que siguen venerando en el mundo a esta imagen como una "evidencia irrefutable".


El supuesto "duende" extraterrenal del Parque Forestal.

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Re: Duendes y gnomos en santiago

Mensaje por Hime Shise el Miér Ago 17, 2011 3:19 am

D: < si!! siempre mueven las llaves"!!! o el cntrol remotooo!!
yo una vez cuando chika crei ver un gnomo.. y de echo cn mi hermano tmb xD en un bosque argentino D:
y eso =D
muy bueno!

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